
Estoy esta noche con ganas de escribir mi predicción, por la simple diversión de ver si me he equivocado y cuánto a finales del año que viene.
Mi predicción es que el 2009 será el gran año de Linux. Será ese año que se esperaba a principio de esta década, a la cual le queda muy poco. El momento tan esperado se ha retrasado, pero finalmente está llegando, y prácticamente ya está entre nosotros.
No solo resulta evidente al mirar las estadísticas de Google Trends, que marcan claramente una creciente adopción de Linux, sino que se están dando justamente dos fenómenos que inevitablemente le darán al software libre el empujón que todos estábamos esperando. Estos fenómenos son: la proliferación de ordenadores de bajo coste con Linux preinstalado, y la aparición de las primeras plataformas móviles basadas en Linux que se verá muy marcada con el próximo lanzamiento de Google Android
Personalmente, estuve siempre convencido que la adopción masiva del software libre sería inevitable. El software propietario solo tuvo sentido en sus principios, al ser una tecnología novedosa que conquistaba al usuario en su inocente ignorancia. Tenía sentido, se podían usar elementos como las patentes de software, restricciones tecnológicas o campañas de miedo y amenazas legales para dominar a los usuarios. Sin embargo, en la medida en que el usuario se educa, y en que la disponibilidad de cantidad y calidad de software libre crece, el software propietario, además de evidentemente no ético, se torna obsoleto y su modelo de negocios se torna simplemente insostenible.
De esta manera, vemos que los analistas que nos pronosticaban la manifestación de este proceso inminente e inevitable a principios de esta década, no estaban para nada equivocados, sino que simplemente desestimaron un factor: Resistencia. La resistencia al software libre en la que empresas como Microsoft han invertido tanto dinero no ha logrado evitar lo inevitable, pero sí lo han logrado demorar. Han sabido sacar provecho, mediante la ejecución de una larga lista de acciones no éticas ni legales, para lograr extender su existencia y su negocio. Sin embargo, el fin de estas prácticas nocivas, es bellamente inevitable.
Nuestros descendientes, en algún momento en un futuro no muy lejano, mirarán atrás y se preguntarán cómo es que la humanidad ha permitido algo tan inaceptable como las patentes de software, el software propietario en nuestros ordenadores personales, los formatos cerrados, las limitaciones tecnológicas, etc. Estarán convencidos de que esto simplemente condicionó y demoró la evolución tecnológica de nuestra raza, y les sorprenderá tanto leer la historia como nos resulta a nosotros leer los contratos de compra-venta de esclavos que nuestros antepasados firmaron, dentro de lo que consideraban no solo necesario sino también socialmente aceptable. Un ejemplo tal vez algo extremo, pero más que ilustrativo a la hora de explicar la evolución de nuestra raza y de nuestras estructuras sociales.
Qué es lo que nos hace pensar, existiendo un proyecto libre y comunitario para el desarrollo de software, podemos desde una empresa, por más grande que sea, generar un software que pueda competir en calidad y en precio? El software, a diferencia de otros procesos de producción, no enfrenta límites de tiempo, ni espacio, ni recursos. Mientras más popular es la necesidad de un software específico, más serán los miles y miles de usuarios que se vuelquen a desarrollarlo, saltando sin problema alguno toda fuerza política, sociocultural o económica con la que cualquier empresa se toparía de tomar la misma iniciativa. Mientras a muchos nos resulta evidente, a mucha gente aún le cuesta entender el concepto, y nos vemos aún con la mayoría de las grandes empresas luchando por mantener su propiedad intelectual de software, y sus modelos de negocios que no dejan de caerse a pedazos.
Sin lugar a dudas, la principal razón de la decadencia del software propietario es que a lo largo de estos años, en forma totalmente natural e inevitable, el software libre ha crecido en forma constante y absolutamente inmune a las fluctuaciones de los mercados y los problemas económicos que las empresas de software han enfrentado. La unión hace la fuerza, y de esta manera, mediante la unión de miles y miles de programadores alrededor del mundo, hemos conseguido, entre muchas otras cosas, un sistema operativo completo libre, escalable desde pequeños dispositivos hasta enormes servidores, cuyo valor, a pesar de los tantos esfuerzos, sigue siendo incalculable y seguramente será muchas veces mayor que lo que cualquier empresa de software podría producir. Esto es Linux.
La telefonía móvil, desde sus comienzos, fue fuertemente dominada por el software propietario. Por un lado, la vieja cultura de toda empresa de desarrollar software propietario, y por otro lado, la imposibilidad de acceder fácilmente a desarrollar software independiente como en los ordenadores personales. Sin embargo, otro interesante aspecto de la tecnología móvil, a diferencia de los ordenadores personales, es que careció de la existencia de monopolios en materia de software, ya que fueron muchas las empresas que comenzaron a competir en este terreno al mismo tiempo. Fue así que durante muchos años, los fabricantes de teléfonos móviles compitieron haciendo mejor software, siempre en forma propietaria y complicando la interoperabilidad, lo que a largo plazo creo graves problemas a las operadoras de telefonía móvil a la hora de gestionar tanta diversidad de dispositivos, y de frustrar todo intento efectivo de desarrollar programas que les abran las puertas a nuevas fuentes de ingresos. Por otro lado, las operadoras han sufrido la incapacidad de suplir la creciente demanda, por parte de sus usuarios, de teléfonos con funcionalidades avanzadas, compatibles con los ordenadores personales de los que los usuarios dependían a diario.
La necesidad era clara, hacían falta sistemas operativos abiertos. Y de esta manera, disfrazados detrás del nombre "abiertos" surgieron sistemas operativos cerrados producidos por empresas de software, que de alguna manera funcionaban en los distintos teléfonos de los distintos fabricantes: Windows Mobile y Symbian. Estos productos fueron ganando terreno pero nunca llegaron a dominar el mercado debido a su alto coste y altos requerimientos de hardware, satisfaciendo solamente a la más alta gama de tecnología en un mercado tan competitivo como el de la tecnología móvil.
Y así apareció Linux. Lentamente, inevitablemente, al comienzo impulsado por programadores independientes, pero luego ganando la atención de algunos fabricantes, fueron surgiendo un sinfín de distribuciones móviles que se convirtieron en casi completas plataformas móviles. Durante los últimos años, estas iniciativas se fueron defragmentando y fusionando en dos megaplataformas que hoy conocemos como LiMo y la Open Handset Alliance, impulsada por Google, desarrollando la plataforma móvil Android.
Por otro lado, la escalabilidad y adaptabilidad del núcleo de Linux, le permite correr en plataformas tan pequeñas donde el pesado Windows no tiene posibilidades. El kernel, librerías, entornos y aplicativos para Linux que corren en un teléfono, en un servidor, en una pantalla de LCD, o en un reproductor de MP3 es exactamente el mismo. Es la misma y única línea de desarrollo que simplemente se configura y se compila para distintas arquitecturas. De esta manera, Linux permite saltar la brecha entre formatos, uniendo un teléfono, el ordenador, o cualquier otro dispositivo, que con el tiempo tenderán a fusionarse. Windows, por el contrario, es radicalmente incompatible entre sí y lleva líneas de desarrollo independientes, no solo al pasar de un móvil a un PC, sino inclusive entre sus propias versiones, ya que cada versión de Windows genera una nueva linea de desarrollo y mantenimiento que no solo condiciona la adaptabilidad del software al futuro hardware, sino que además incrementa los gastos de un negocio ya prácticamente insostenible.
De esta manera, no me resulta curioso ver cómo Nokia compra y libera a Symbian, y cómo esto pone aún más en juego la existencia de Windows y el software propietario en general en los móviles, obligándome una serie de preguntas: Habrá futuro para Windows en los móviles si no se libera? Y qué pasará cuando la cuota de mercado de Linux en ordenadores personales, que Gartner marca ya en un 4% cubra una porción considerable?
Y por último. A largo plazo, habrá futuro para Windows nuestros ordenadores personales?
Mi humilde opinión es que por el momento sigue siendo un negocio, pero a no ser que liberen el código, simplemente no.